Sorcery nos lleva hasta la remota isla de Chiloé a finales del siglo XIX en una historia de venganza y brujeria en la una niña indígena ve como su padre es asesinado a manos del capataz alemán para el que trabaja y al ver que nadie pretende ayudarla a buscar justicia, acabará pidiendo ayuda a un grupo de hechiceros.
Dirigida por Christopher Murray, se trata de un film que sabe crear una buena atmósfera a fuego lento y que huye de ciertos tópicos de brujería y demás para centrarse en un relato sutil sobre la búsqueda de justicia. En su camino, nos muestra como la venganza es un camino que no tiene fin y del que es difícil escapar.
No hay en Sorcery ni demasiada violencia explicita ni rituales cinematográficos exagerados en los que apoyarse, pero si hay mucho de carga social y reivindicación, y mucho plano sostenido. A pesar de sus preciosos paisajes, se acaba haciendo un tanto lenta.
