El experimento y filigrana técnica de dos horas y media de duración de Sebastián Schipper es toda una virguería, un único plano secuencia muy real durante una noche en Berlín en la que nuestra protagonista, Victoria, una joven madrileña que lleva 3 meses sola en la ciudad sale de fiesta y se acaba juntando con cuatro chicos con los que acabará metida en no pocos problemas.
Alabo la propuesta y su puesta en escena, pero el guión me saca fuera una y otra vez, no consigo creerme lo que me cuenta, no me entra que una chica se junte con cuatro tipejos con pintas sospechosas y que acabe haciendo por que sí todo lo que acaba haciendo, ayudando a cometer delitos y metiéndose en unos follones que en ningún momento le van ni le vienen.
Laia Costa realiza un buen papel y se esfuerza en hacer coherente su personaje, pero con una trama así no hay manera, me parece una chica encantadora, alegre e incluso con ganas de encontrar amigos en una ciudad que le es desconocida, pero de eso pasar a lo que nos propone la cinta hay todo un mundo.
Como todo sucede en tiempo real, dura mucho, y no puede evitar que haya momentos de pesadez entre acción y acción, la primera hora por ejemplo es algo cansina y su tramo final es desesperante por como reaccionan los protagonistas. Igual es que yo me hago muy viejo ya para estas tonterías adolescentes que no comprendo, pero creo que el film enfocado de otra manera hubiera ganado enteros, si tan solo Victoria se viera forzada de alguna manera a participar en el lío en que se mete igual otro gallo cantaría, pero así de esta manera no me convence, y cada vez que toma una decisión cuestionable, que toma varias, me salgo un poco más de la película.